Celos (II)

celos - leisa puentes

Celos (II): una emoción humana que merece comprensión

Si hay algo común que altera negativamente la salud física y emocional, eso son los celos.

Me gusta la definición de celoso que da el libro Diccionario del diablo de Ambrose Bierce:

“Indebidamente preocupado por conservar lo que solo se puede perder cuando no vale la pena conservarlo”.

Esta frase explica lo paradójica que esta emoción puede ser.

Empecemos por explicar que aunque los celos tienen una base instintiva y evolutiva —surgieron probablemente como un mecanismo adaptativo para proteger relaciones importantes y asegurar vínculos afectivos esenciales para nuestra supervivencia— también tienen un fuerte componente de aprendizaje sociocultural.

Es decir, es una emoción natural que sentimos en algún momento ante la posibilidad de perder la atención o el afecto de quien queremos, pero no por ser natural se debe desconocer que mucho tiene que ver el aprendizaje familiar, social y nuestras experiencias personales.

La genética nos provee de ciertas estructuras cerebrales y circuitos neuronales que nos permiten experimentar emociones intensas, pero son nuestras vivencias las que determinan cómo y cuándo se activan esos mecanismos.

Nuestra infancia, los modelos de apego que vivimos, la cultura en la que crecimos, las heridas emocionales que arrastramos y las relaciones que nos marcaron moldean profundamente cómo experimentamos y expresamos esta emoción.

Un niño que creció en un ambiente donde el amor era condicional o impredecible probablemente desarrollará una mayor tendencia a la ansiedad en sus relaciones adultas.

Una persona que vivió traiciones o abandonos puede quedar con cicatrices emocionales que la hacen más vulnerable a interpretar señales ambiguas como amenazas.

A nivel mental se explican de dos maneras:

  • Una como la respuesta emocional al procesamiento de señales del contexto que pueden ser reales o imaginarias, siendo esto último lo que establece la diferencia entre los celos como conducta patológica, o celotipia, que lleva a delirios o riesgo de violencia y que tienen su origen en inseguridades profundas o trastornos de la personalidad,
  • Y otra los celos como mecanismo de autocuidado. 

En el primer caso, la persona vive cada relacion en un estado constante de hipervigilancia, interpretando cada gesto, cada silencio, cada demora en responder un mensaje como evidencia de infidelidad o desinterés.

La mente construye narrativas completas a partir de fragmentos inconexos, y ninguna explicación logra calmar la tormenta interna.

Se ha satanizado a la persona celosa señalando su emoción como resultado de su inseguridad, más es preciso aclarar que si bien los celos pueden nacer desde las carencias también lo pueden hacer desde el principio de autoprotección innato de nuestra mente ante situaciones reales que amenazan nuestra tranquilidad o van en contra de nuestros principios de vida. Razones estas que son absolutamente subjetivas pero también válidas.

No todas las personas celosas están delirando ni proyectando sus propias inseguridades. A veces los celos son la respuesta emocional a cambios reales en la dinámica de la relación, a inconsistencias en el discurso de la pareja, a señales que efectivamente indican que algo está ocurriendo.

Te puede interesar: Los Celos (parte 1)

¿Cómo se diferencia una conducta patológica de un recurso de protección razonable? 

En la intención de control excesivo en cada relacion de pareja y la búsqueda persistente de una fantasía que nunca se confirma, o en la verificación puntual de una realidad. En la proporción entre el estímulo y la respuesta. En la capacidad de la persona para procesar información que contradiga sus sospechas. En el impacto que esos celos tienen sobre su propia vida y la de quienes la rodean.

Es diferente una persona que ha vivido sus relaciones en la paranoia permanente de encontrar evidencias que jamás aparecen, de aquella cuya conducta de celos responde a cambios conductuales reales de su pareja que pululan en el ambiente en un momento específico, que abren sospechas que alertan y que resultan confirmadas. 

La primera necesita ayuda profesional para sanar heridas internas y aprender a confiar. La segunda está simplemente respondiendo a su intuición ante señales genuinas que merece investigar sin culpa pero tambien con acompañamiento terapeutico que le de claridad a sus decisiones.

Recibo mensajes de personas que me escriben angustiadas porque sus celos agobian su vida y alteran su relación. Hablan de noches sin dormir revisando teléfonos, de ataques de ansiedad ante silencios breves, de discusiones repetitivas que nunca resuelven nada, de la vergüenza que sienten por no poder controlar sus emociones.

Otras me cuentan cómo descubrieron que sus sospechas eran fundadas, pero solo después de meses de que sus parejas les hicieran sentir locas o paranoicas. Y ya que el significado de los celos va más allá de una conceptualización teórica, es preciso evaluar factores que determinen su origen patológico o adaptativo para darles el manejo que permita liberar la presión emocional de quien los padece.

Aquí es donde la terapia se vuelve fundamental. Un proceso terapéutico permite desenredar la madeja compleja de los celos: identificar si provienen de traumas no resueltos, patrones de apego inseguros, experiencias pasadas dolorosas o situaciones reales del presente que requieren atención.

La terapia ofrece un espacio seguro para explorar sin juicio de dónde vienen esas emociones tan intensas, para aprender a regularlas sin negarlas, y para desarrollar herramientas que permitan construir relaciones más sanas y tranquilas.

Te puede interesar: ¿Sabes qué es la Anorgasmia?

Un terapeuta capacitado puede ayudar a la persona a distinguir entre los celos que surgen de sus propias heridas y los que responden a dinámicas problemáticas reales en la relación. Puede enseñar técnicas para manejar la ansiedad, para comunicarse asertivamente sin acusar ni controlar, para fortalecer la autoestima y para desarrollar tolerancia a la incertidumbre que toda relación conlleva.

También puede ayudar a identificar si la persona está en una relación que genuinamente no le conviene, donde sus límites no son respetados o donde hay patrones de manipulación emocional.

No se trata de eliminar por completo una emoción humana, sino de comprenderla, de darle su justa dimensión, de no permitir que gobierne nuestras vidas ni dañe a quienes amamos.

Quien sufre de celos intensos merece compasión, no condena, porque esa angustia es real y muchas veces esconde heridas profundas que necesitan ser sanadas. 

Buscar ayuda profesional no es una debilidad, es un acto de valentía y amor propio. Es reconocer que merecemos vivir en paz, que nuestras relaciones pueden ser fuente de seguridad y no de tormento constante.

Los celos nos hablan, nos dicen algo sobre nosotros mismos, sobre nuestras necesidades, sobre nuestras heridas. La pregunta no es si debemos sentirlos o no, sino qué hacer con ellos cuando aparecen, cómo procesarlos de manera que nos ayuden a crecer en lugar de destruirnos. 

Si requieres más información acerca de este tema escríbeme a mí whatsapp en mi página web www.leisapuentes.com

Leisa Puentes M.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *