Qué hacer ante el acoso sexual: protocolo en 10 pasos
No existen “reglas universales” para reaccionar “correctamente” frente a una situación de acoso sexual, pero es absolutamente clave reconocer que estas situaciones tienen dinámicas de poder, riesgo y vulnerabilidad, diferentes y tener orientaciones útiles desde lo legal, laboral y psicosocial, ayudarán a una persona a protegerse y decidir qué hacer.
NOTA ESPECIAL: El acoso sexual puede darse en cualquier contexto, pero es especialmente grave cuando ocurre dentro de una relación de jerarquía como jefe/subalterna(o), profesor/alumna(o), jerarca religioso/feligrés, médico/paciente, entrenador/atleta, entre otros. No es ético, no es profesional, y abre la puerta a interpretaciones de toma de ventaja de cualquiera de las partes. Lo cual da pie a suspicacias legítimas ante cualquier denuncia.
Además, en estas relaciones asimétricas el consentimiento puede verse comprometido aunque no haya coerción explícita: el temor a represalias (laborales, académicas, espirituales) dificulta una negativa genuina, ya que rechazar el acercamiento puede tener un costo real. Por eso muchas instituciones prohíben estas relaciones incluso cuando ambas partes las perciben como consensuadas.
Un protocolo de protección sugerido en caso de acoso sexual es este:
1. Identificar qué es acoso
Comentarios sexuales o morbosos no deseados, insinuaciones incómodas, mensajes insistentes que omiten el consentimiento, contacto físico no consentido, chantajes, por ejemplo: “si sales conmigo te ayudo”, “ayudarte depende de ti”.
Las represalias o crear un ambiente hostil por rechazar avances, son formas de acoso.
Clave: En general la intuición aquí es aliada, la sensación de incomodidad es el primer aviso de tu mente.
Identificar con claridad cualquiera de estas conductas es fundamental para pasar al siguiente paso.
2. Poner límites
Una frase clara marcando el límite hace toda la diferencia para que no haya lugar a malas interpretaciones o a señales confusas y, sobre todo, deja un precedente que al momento de una denuncia será pieza clave en la defensa.
Usa estas frases para marcar límites:
- “Ese comentario me incomoda.”
- “Me estoy sintiendo incómoda(o) con este tipo de trato.”
- “Nuestra relación es laboral y no me gustan este tipo de acciones.”
Sí, poner límites puede dar miedo, pero sentir esta emoción también es la confirmación de que hay un ejercicio de poder en el cual tu estás en desventaja.
3. Priorizar la seguridad
Si la situación escala o hay riesgo físico, sal inmediatamente del espacio de peligro.
Tendrás miedo? Sí, mucho entonces, ahora que lees esto y no estás en la situación, piensa que tu incomodidad es el primer aviso de amenaza y tu miedo el segundo aviso. No esperes a la sensación de paralisis, huye antes de llegar ahi. Buscar compañía o apoyo inmediato a través de una llamada telefónica o física a alguien, esto es prioritario, válido y necesario.
“Manejarlo bien” nunca es jugar el juego del otro para que no se enoje o dudar de tu incomodidad, es priorizar protegerte paso a paso. ¡ES ESTAR A SALVO!
No se trata de confrontar sin sentido, sino de entender el contexto y desarrollar la estrategia que en este momento tienes clara, sin dejar que el miedo sea alimento para el chantaje emocional y objetivo del acosador.
4. Guardar evidencia
Capturas de mensajes de texto, correos, audios, anotar fechas, lugares. Llevar un registro cronológico puede ser clave frente a una futura denuncia.
5. Contárselo a alguien
Avisar esto cuanto antes a quien sea tu red de apoyo, una colega, una amiga, un familiar, alguien de tu confianza. De ser posible puedes hacerlo de manera escrita o en un mensaje de voz también dejará el registro para que sume a la evidencia.
Recuerda que desde una perspectiva psicológica:
El aislamiento y el silencio es lo que favorece y empodera al agresor contigo o con otras futuras victimas.
En el caso opuesto, la exposición y la valentia lo debilita.
6. Revisar protocolos internos
Las organizaciones deben tener protocolos o canales de denuncia (comités de convivencia, ética, etc.) Ir al área de talento humano para dejar registro, es clave en estos procesos.
No obstante, es recomendable dejar un correo para que quede un radicado del hecho de acoso.
7. Buscar asesoría externa
Abogados laboralistas, organizaciones de defensa de derechos de las mujeres, psicólogos, sindicatos o entidades públicas que puedan orientar.
En Colombia, por ejemplo, existen rutas a través del Ministerio del Trabajo, la Fiscalía General de la Nación y la Defensoría del Pueblo según el caso.
8. Documentar represalias
Acá es donde el miedo debe cambiar de significado y de bando. Cualquier represalia es una nueva evidencia contra el agresor que es quien debe temerla.
Así que si después de poner límites o denunciar, aparecen castigos, exclusión, cambios arbitrarios de horarios o despido, represalias académicas, entre otras. Esto solo sumará para darle veracidad a una denuncia.
9. Buscar apoyo emocional
El acoso genera miedo, ansiedad, culpa, bloqueo o confusión.
Tener acompañamiento psicológico o redes de apoyo, te ayudarán a estar en claridad de que no es tu culpa ni tu vergüenza y además te ayudará a sostener el proceso que se derive.
10. Recordar que NO hay una “reacción correcta”
Congelarse, reír nerviosamente, evitar, confrontar, tardar meses en hablar o guardar silencio y no contarlo a nadie: todas son respuestas humanas al estrés y a la asimetría de poder.
La ausencia de reacción inmediata, no invalida lo ocurrido.
Sin embargo, tener un plan de acción como el protocolo expuesto, te ayudará a manejar el miedo.
Piénsalo en función de: Conocer el modus operandi de un depredador, da temor sí, pero es una estrategia preventiva para saber cómo actuar ante este. Por esto conocer un plan de acción le dará ventaja a la victima
Un abrazo. Leisa